Susana y yo estábamos a tope con los clientes (financieros) yo ya no me daba abasto con los que requerían de un servicio más allá del numérico, por lo cual un martes a finales de junio decidimos buscar asistentes, o mejor dicho asistentas, pero no de limpieza, sino chicas inteligentes, con ganas de aprender y si estaban dispuestas a ser aprendices de esta Meretriz pues mucho mejor.
Así comencé a correr la voz, en el café, en el edificio y en el mejor caldo de cultivo de caras frescas y mentes abiertas, la firma donde había laborado.
Sabía que como yo habían chicas dispuestas a todo por crecer en un mundo cada vez más competitivo y no me equivoqué.
Comenzaba el verano y sabía que la mayoría de la gente tomaría vacaciones pero ese año a mi por lo menos no me tocaba. Decidí almorzar con un ex-compañero, para recordar viejos tiempos ya que habíamos visitado a varios clientes juntos.
Ese día ligera de ropa por el calor que comenzaba a notarse en el aire, fuí con mi cabello suelto y mis gafas de sol, unos pantalones blancos bastante cortos para lucir mis piernas ya algo morenas y unas sandalias amarillas de tacón lima a juego con mi camiseta. Un bolso enorme y en mi cuello un jersey ligero color verde manzana por si acaso refrescaba. Me miré al espejo mientras me perfumaba y sí, naturalmente atractiva, agradable para el género que buscara compañía.
Mi caminar -algo apurado- pues no me apetecía llegar tarde.
J. me pondría al tanto de las novedades de ese cuartel de víboras. Y así fue, tras unos besos de bienvenida y unas sonrisas jocosas animándome a hacer la sobremesa en su apartamento, asentí provocativamente, pues me interesaba mucho pormenorizar cuántas chicas estarían dispuestas a abandonar un lugar de renombre por arriesgarse a entrar en un negocio en pleno crecimiento.
J. era Senior por lo cual a esas alturas había trabajado por lo menos con 40 asistentes, me habló detalladamente de cinco, que obviamente por una buena evaluación, habían tomado un par de horas extras en la cama donde yo me hallaba ahora de espaldas, con mi pecho acariciando suavemente ese edredón de satín color chocolate, su boca susurraba en mi oido los número telefónicos de Sandra, Elena, Rosa, Carmen y Ritta. Mientras me besaba y mordisqueaba, yo hacía memoria, y sí, conocía a tres de ellas.
Ya sus dedos jugueteaban y cuando su miembro entró glotón entre mis nalgas, sintiendo el arremeter delicioso y profundo, comencé a jadear, sus dedos ahora acariciaban mi clítoris y su pecho descansaba entre mi espalda que comenzaba a calentarse por la fricción.
Nuestras piernas enlazadas, su boca en mi nuca, sus dedos masturbándome, su lengua arremetiendo y luchando por llegar a mis labios.
Terminamos juntos, un sexo anal, excepcional, J. no había cambiado, era lo que mejor sabía hacer, además de su memoria minuciosa para las mujeres. Por eso sabía que no me defraudaría.
Ambos debíamos volver a nuestras respectivas oficinas.
Él, con la memoria reciente de mi culo.
Yo, con el nombre de Elena en mi móvil.
Ambos satisfechos.
Una excelente reunión laboral para dar inicio al verano.
jueves 8 de julio de 2010
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2 Susurros en el camino:
Bravoooooo que bueno que volviste Meretriz. Más, más, más ... quiero más. Ñam, ñam, ñam. Besos
perezosaaaaaaaaaaa, escribeeeeeee
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