Tarjetas de presentación, oficina, mobiliario; iba repasando mentalmente lo que necesitaba. C, ya bastante relajado y con su infinita paciencia me ayudó a conseguir un rinconcito acogedor para trabajar.
Era maravilloso, un loft de unos sesenta metros cuadrados, ventilado, iluminado con lámparas de diseño contemporáneo, paredes blancas, un bambú natural al lado del escritorio de madera pulida y una silla ejecutiva que invitaba a pecar. El alquiler era una ganga para los beneficios que más tarde me produciría aquel nido intelectual y sexual. Mandé a alfombrar todo el lugar con una mullida felpa en tono melocotón. En la biblioteca coloqué tres esculturas que me había obsequiado un cliente de mi antiguo trabajo tras una ayudita en el Memorandum de Control Interno del departamento donde laboraba. Un sillón similar al diván de mi adorado C., estaba en diagonal al escritorio, otorgaba una suave brisa a mi rostro cada vez que me recostaba a pensar en mi próxima estrategia.
En aquellos años, reflexionaba y mucho, no quería dar pasos en falso arriesgando mis ahorros, llegúe a la conclusión que si el negocio crecía debería buscar una asistente o varias. ¿Por qué mujeres? Porque mi nicho de mercado estaría concentrado en los hombres, no me equivoqué.
Salvo una que otra excepción femenina, los hombres pensaban y piensan más con el sexo que con el cerebro, por lo cual, satisfacer sus demandas es mucho más sencillo, por otro lado eran y son aún menos problemáticos en el sentido de tener claro cuando involucrarse y cuando no.
Lo siguiente que me cuestioné era cómo conseguir asistentes, ya que además de mamadas, disfraces, erotismo y masajes, debían conocer de números, análisis y estados financieros, es decir, conseguir putas con título conllevaría a ser franca con mis expectativas y con la dirección de la empresa que me disponía llevar a cabo.
Ya tenía una semana instalada en mi rincón laboral con tres clientes fijos por dos años para llevarles las cuentas y satisfecha por el inicio triunfal, saboreaba una copa de vino mientras miraba el sol cayendo con sus rayos enfocándome directamente. Sonó el timbre.
Susana entraba nuevamente en mi vida.



1 Susurros en el camino:
Bienvenida una vez más al ciberespacio, estoy por tenderme en ese diván ... ¿hay lista de espera? besos
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