miércoles 1 de julio de 2009

Rafael, primera semana

De esos tiempos guardados en mi memoria y aunque no tan remotos, si lejanos, recuerdo también a Rafael; se supone que las consultas a los psicólogos son de secreto sumarial, como confesiones religiosas, pero, no soy mucho de religión teórico-práctica, tampoco soy realmente psicóloga y a ustedes tampoco les consta que los nombres de aquellos que circularon por el diván de C. eran esos, así que puedo hablar tranquilamente del otro paciente que marcó mi ejercicio como escucha de historias sexuales de a 60 minutos por semana.

Rafael era un hombre de estos discretos, tratar fluido y sonrisa agradable, según la ficha de C., 35 años y con pareja, una chica dos años menor, vivían juntos, tres años de relación; problema: los celos, cercano a celopatía inicial.

La verdad cuando lo ví, no aparentaba para nada ser celoso, parecía la persona más despreocupada y tranquila del mundo, pero como dicen, cada quien con su calvario por dentro y si uno se fija en el perfil patológico de los peores asesinos, primero van con actitudes de Caperucita para después sacar a su lobo interior. Por ello, para las sesiones con Rafael procuraba un vestir afeminado y muy discreto, para evitar cualquier conclusión acertada de su parte sobre mi verdadera condición de provocadora de hombres.

- Oh una mujer, C. me comentó que se iría de vacaciones, lo que no mencionó es que dejaría a una mujer.

Otro renegado de las psicólogas con sexo femenino, pero bueno, si recuerdo que en la facultad de psicología de la universidad donde estudié el 70% de los estudiantes eran mujeres, luego en la práctica profesional los pacientes se andan con desconfianzas. ¿Será por la mala fama de neuróticas hormonales que nos gastamos?

Puse mi mejor sonrisa de ternura comprensiva para no espantarlo aunque internamente andaba medio cabreada.

- Si bueno, C. pensó que una mujer le ordenaría un poco su consultorio y además daría un aire fresco, una visión distinta a los pacientes. ¿Café, té?

- Un poco de té no me caería mal.

Al menos Rafael si me aceptaba algo de tomar, es que a muchos hombres les encantan las mujeres serviles y me parecía que éste no era la excepción.
Una vez servido un reparador té de menta con algo de azúcar avainillada, comenzamos la conversación de turno.

- ¿Qué te ha traido de consulta por aquí?
- Es por Vanessa que va provocándome, despierta mis instintos y sentimientos más bajos.
-¿Quién es ella?
-Mi pareja, vivimos juntos desde hace tres años, al poco tiempo de conocernos comenzamos a convivir.
-Bien, ¿Podrías darme tres características físicas y de carácter de ella?
-Sí, alta, buen cuerpo, cabello largo y muy liso. Simpática, terca y muy rencorosa.
- Es lo que más se destaca de ella o al menos lo que más te llama a ti.
-¿Qué fue lo que te llamó la atención cuando la conociste?
-Era rebelde, inmadura, cuando salíamos tomábamos mucho y la pasábamos genial como amigos, sin embargo, aunque me atraía, era el último de la fila, pasaba de mi. Una de las tantas noches que salimos, estaba dispuesto a decirle lo que sentía o al menos tantear un poco el terreno, cuando no fue mi sorpresa que en medio del baile, me besó. Quedé impactado por lanzarse, sin embargo me quedaba la duda si no seria el alcohol u otra cosa lo que la atrajo hacia mi.

Que divertido, esto parecía el típico culebrón de las revistas que uno lee en la peluquería, ser psicólogo era la mejor profesión, ganaba pasta por ser la editora de Vanidades en vivo y directo. Yo de dispersa me rei en su cara, mientras él con los ojos cerrados, sin zapatos y acostado en el diván me contaba su historia de amor y dolor.
Me reprendí por mi falta de seriedad y volví a mi test pasional.
Ese martes no pude sacar mucha más información, aparentemente el problema de Rafael era típico en muchos hombres, otro más, no entendía por qué gastar una pasta con C., cuando los foros y las salas de chat están llenos de "psicólogos cotillas gratuitos.

Esperar, antes de concluir, igual hasta ahora les he hablado de mis impresiones iniciales.
Antes de irme, limpié un poco el consultorio y le lancé una llamada cariñosa a C. para hablarle de mis primeras anécdotas.

2 Susurros en el camino:

el octavo pasajero dijo...

Empecemos con la interview ¿Crees que podría escribirse un libro con tus vivencias?

La Meretriz dijo...

Si, es posible, hay libros de toda clase y los eróticos si bien no son para ganarse un nóbel de literatura, si que se venden. Igual, todos tenemos muchas facetas y yo llevo algún tiempo escribiendo.