miércoles 24 de junio de 2009

Enviando a C. de vacaciones


Pasé un mes después de mis "oscuras" confesiones sin asistir al diván de C., no porque yo no fuera, sino porque el psicólogo no quería atenderme, desviaba mis llamadas, no se aparecía por el café ni tampoco atendía al llamado del timbre de su consultorio; como no tenía secretaria alegando que el se bastaba y sobraba para organizar a sus pacientes, tenía la virtud de desaparecerse cuando quería y más con esta Meretriz que a ciencia cierta no era propiamente una paciente de a 50 euros la hora.


Yo ya había tomado la decisión de renunciar a la firma. Hablar con C. de lo que había hecho con mi hermana me había aclarado algo, nunca llegaría a socia, la mujer de ese socio era un hueso duro de roer, y para ese entonces, no me interesaba inventar mucho más con el hombre en cuestión, no fuera a ser que terminara follando con su perro, hijos o vecinos y, una cosa es que me guste mi trabajo y otra que quiera probar posibles desviaciones sexuales de otros sin obtener nada a cambio. Con la liquidación tendría lo suficiente para iniciar mi propio negocio, además que ya estaba próxima a los treinta años y la vida útil de una Meretriz es inversamente proporcional a los años que van sumándose a su calendario.


Ya cansada de las evasivas de C. me dí a la tarea de toparme con él por casualidad, aunque ambos concluyeramos que las casualidades no existen. Le pedí al dueño del café que pautara una cita con el psicólogo adicto a sus capuchinos a cambio de consejos sexuales para su mujer y éste accedió gustoso.

Ustedes dirán pero qué consejos da una Meretriz especializada en empresariales a una maruja de 8 a 5, y yo les diré que muchos, desde como preparar un buen estofado aplicable a hombres que antes de follar se calientan con un buen caldito de cordero hasta como menearla de tal manera que más que ama de casa la esposa en cuestión se gane el adjetivo de "cangrejera"; este último modismo lo aprendí en un viaje al Caribe y ya lo explicaré un poco más adelante, que para todo hay tiempo.

En fin, que gracias a la ayuda del cafetero, pauté una cita con C.

Cuando me abrió la puerta, sonrió estruendósamente, diciendo que me había puesto a prueba, y que me esperaba desde hacia una semana, amén de que estaba loca por él y otra sarta de tonterías como que era irresistible y que si se había desaparecido esos días era por un catarro que lo había conducido directo a la cama.

La verdad no quise saber por qué había evadido los encuentros y mucho menos si era cierto eso de ponerme a prueba, yo ya me preguntaba si no me estaría dejando manipular a la vez que me contestaba mentalmente que un poco de manipulación al manipulador no venía mal dependiendo de a quien se lo permitía y ya a esas alturas C. un poco amante, un poco padre, un poco de todo lo que presencia masculina sin sexo representaba, se había ganado esa licencia de evasiones y hasta de hacerse un poco de rogar.

Lo noté eso si un poco más delgado y ojeroso, se le veía cansado, por lo cual resolví, tras decirle que había renunciado a la firma, que se debía tomar unas vacaciones, total yo estaba libre por un tiempo hasta que concretara mi negocio.

El me ofreció algo poco ético, pero la ética hoy en día es a veces mucho de palabra que consigues en wikipedia y para los más aplicados en el drae, pero escasamente aplicada, así que acepté; la única condición es que grabara las conversaciones, asintiera sin aconsejar y tomara nota de los hechos más importantes, ante cualquier emergencia, llamarlo o contactarlo por e-mail.

Conclusión: C. se iría al Caribe a por unas merecidas vacaciones durante un mes.

¿Y esta Meretriz? Esta Meretriz sería por el mismo espacio de tiempo una psicóloga suplente, para atender los casos de emergencia.

Tarea: Leer algo de Freud, el estructuralismo, el funcionalismo, el conductismo y la Gestalt.

A partir de la semana siguiente y por un mes, sería una especie de cura en el confesionario.

1 Susurros en el camino:

el octavo pasajero dijo...

Siempre me gustó que las mujeres me psicoanalizaran. Una conversación sottovoce, un ambiente cálido y un alma ( la mía) que se desnuda ante una mujer. Han sido siempre situaciones reconfortantes. Te leo, te leo ... y además he vuelto a escribir en mi blog... todo se supera, hasta los desengaños... aunque en mi caso más ha sido la resignación que la supeación. Besos a contraluz