lunes 6 de julio de 2009

El arte de la seducción

Me lanzaron una preguntilla sobre la seducción y no se por qué se me ha venido esta foto a la cabeza y me dije, anda a ponerla, porque la historia que hay detrás es de mis anécdotas. Lo primero, soy adicta a los zapatos ¿Qué mujer consumista occidental no lo es? Me sumo a las fanáticas de cubrir sus pies con cuanta ornamenta de calzado existe en el mercado.

De hecho, estos zapatos los tengo celosamente guardados, me los compré para ir a la boda de unos amigos, en cuanto los ví me dije, debo conseguir el vestido a tono con estas piezas únicas y no al contrario; generalmente empezamos eligiendo vestido y después todo lo demás.


La historia está unas horas antes que empezara el matrimonio.


Cuando me los compré se los llevé a un buen amigo y amante preguntándole si no le parecían los zapatos más hermosos que había visto, a lo que me contestó, que hermosas se me verían las piernas cuando me los pusiera.


Se me vino una idea a la cabeza, lo cité para el sábado del matrimonio.


Nos encontramos a eso de las dos de la tarde en un hotelito cercano al lugar donde vivo, discreto, apacible. ¿Cómo estaba vestida? Con vaqueros, una camiseta holgada y tenis, en una bolsa llevaba unas sorpresitas para la ocasión.
Al entrar a la habitación, comenzamos a toquetearnos, en ese preámbulo inicial que tanto disfruto y parando un poco le dije que le tenía una sorpresa, debía aguardar unos instantes.

Me fuí al baño a colocarme un hilo rojo con encajes que solo adornaba ardientemente mi pubis y un sujetador a juego; el toque esperado: los zapatos que ven en la foto y es que tenía ganas de follar con ellos puestos.

Ni que decir lo que ocurrió al salir del baño, mi compañero me miró de arriba abajo, anclando su mirada fetichista en mis pies vestidos con esa joya de colección. Su miembro se endureció rápidamente, sus ojos brillaban de deseo. Me monté en la cama con los zapatos puestos, modelándole la ropa a juego, más nos encendimos, por lo cual, rápidamente me monté un strep tease sin barra, sin música, solo con el ardor de los dos.

Follamos, salvajemente, fue tan intenso, que tengo clavada la imagen que me regalaba el espejo que teníamos frente a la cama, mis piernas flexionadas que subían y bajaban, que le rodeaban la cintura mientras me penetraba.

Fue un buen polvo, fue una imagen digna de fotografía, pero esa se encuentra en mi disco duro mental, quizás algún día pinte un cuadro evocando la provocadora imagen del espejo.

Tenía ganas de seducir y lo hice, dejé el mercantilismo de lado por un rato y dediqué mi cuerpo a dar y recibir placer.

La foto, tomada unas cuatro horas más tarde de aquella faena me hace reir pícaramente y es que dediqué el tiempo que debí emplear para la peluquería y el maquillaje a follar alocadamente con los zapatos puestos. Valió la pena ser la peor peinada de la noche. Me quedé eso si, con ganas de tirarme a alguien en el baño del salón de fiestas.

Hay sábados que amanezco a millón con las ganas por el sexo y más si tengo el incentivo de modelar zapatos fetichistas.


¿Existe el amor?

Según DRAE (Del lat. amor, -ōris).
1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
4. m. Tendencia a la unión sexual.
8. m. p. us. Apetito sexual de los animales.
9. m. ant. Voluntad, consentimiento.
10. m. ant. Convenio o ajuste.
11. m. pl. Relaciones amorosas.
12. m. pl. Objeto de cariño especial para alguien.
13. m. pl. Expresiones de amor, caricias, requiebros.

Cuando tengo dudas sobre el significado de alguna palabra me voy a la fuente de consulta confiable DRAE, rápida y al alcance de un click.
Por qué Meretriz trae esta palabra cliché a colación? Es que no se ha hablado suficiente del tema?
Es porque en este camino me he encontrado con una entrevista interesante ¿Existe el amor?
De acuerdo a las acepciones enumeradas (seleccioné las más interesantes) podemos fijarnos que sí, evidentemente, ante la falta de algo, buscamos fuera, a excepción de la pureza del sentimiento filial, con el cual si ni discuto, ni analizo, porque no están mis vivencias para focalizar la ternura, la solidaridad e incondicionalidad del sentimiento por ejemplo entre una madre y sus hijos.

Sentimiento, para los humanos que racionalizamos y a veces complicamos todo, cuando entra en conflicto la razón y el corazón, como dirían nuestras abuelas.
Si uno se fija, cuando los animales copulan, de acuerdo al concepto, se aman, sin complicaciones, sin esperar al día siguiente, al instante inmediato después de follar.
A veces me gusta objetar, y el concepto de amor brindado, da para mucho.
Habla de insuficiencia propia ¿Dónde queda la masturbación en estos términos? ¿Y la autoestima?
Me responde el mismo concepto más abajo, actitudes cariñosas son amor, caricias, requiebros, entrega a alguien o algo.
Por algo el movimiento revolucionario de los sesenta y setenta, buscaba propagar ese sentimiento entre los humanos y aplicando la máxima bíblica "Amen a los otros como se aman a ustedes mismos", comenzamos a explotar libremente el concepto.
Para evitar el crecimiento demográfico e impedir "la multiplicación de los panes", los científicos nos ayudaron, surgió la mágica píldora anticonceptiva, por lo cual se afianzaba el concepto, amén del bienestar corporal alcanzado proporcionalmente con los polvos echados y se a eso aunamos, que se puso de moda por esa época el consumo de porros y demás hierbas liberadoras y tranquilizantes, el efecto "amor" se sentía en el aire.
Se afianzó la búsqueda de conocimiento y experimentación, dando lugar a prácticas milenarias y costumbres como las griegas y las orientales, conviviendo género con género, piel con piel. Amor comunal u orgiástico, mientras duraba el efecto porro, se amaba hasta al perro del vecino, la fidelidad de pareja se metía en la despensa y aparentemente no existían conflictos.

¿Qué pasó entonces con la revolución sexual? Porque el concepto amor, tiene mucho de sexo entre líneas; se amó tanto, que afloró el mecanismo Darwiniano del cual no escapa ninguna especie terrestre, las enfermedades dieron el coto, el estancamiento liberador, el stop a tanto sentir, a tanto requiebro.

Afortunadamente, racionalmente, hoy en día el amor sexual, va mucho con el término algo no hacia alguien, viviendo la realidad virtual, amando a nuestro consolador como a nosotros mismos, dándonos placer, consintiéndonos sin necesidad de tener uno o más compañeros al lado.

Yo me masturbo, me acaricio, me requiebro. Me amo.
Pienso en mi Dios particular y le susurro en las noches. Te amo.
Busco el mejor de los vibradores, para que haga temblar mis orificios carnales. Lo amo.

Para todo lo demás, sin complicaciones, como la cópula entre animales, para bien o para mal he mercantilizado las relaciones sexuales, es una profesión, con mi manual de seguridad industrial, mis normas, mi ética.

No se si respondí a la pregunta.
¿Existe el amor? Como dice una buena canción
Depende, ¿De qué depende? De según como se mire, todo depende...

viernes 3 de julio de 2009

Entre Susana y Rafael

Las tres semanas que siguieron, yo de psicóloga, Susana, Rafael y otros tres más de pacientes, puedo decir que fueron aleccionadoras, por ello las destaco en esta bitácora de realidades y fantasías, de crónica y creatividad.

Susana, la que dejó una pareja estable, por lanzarse al vacío, ¿Cómo no hacerlo con solo 23 años? personalmente, lejos de pija, se convirtió luego de las consultas en amiga entrañable. Esas semanas sirvieron para saber que luego de terminar con Hombre Estable, le dió por matar un despecho inexistente a punta de chupitos con los coleguitas de su hermano, concluyó que no sentía amor por ese hombre, sí dependencia costumbrista, muchas mujeres pasan por eso. Tras la ruptura física, también rompió con sus fantasmas, con un platonismo universitario que jamás cuajó, como el mouse de parchita al que le echaste poca gelatina y en el cual por más que te empeñes en batir, jamás cuajará.
Lo que siguió fueron desastres sexuales que le ayudaron a madurar o quizás a hundirla sexualmente. La que había sido alabada, la que se creía buena amante, cayó por decisión propia con un patán que no valía un duro cortado por la mitad, lo llamaba Misógino, porque concluyó que odiaba a las mujeres por problemas maternos del pasado.
Susana tenía un problema, al salir de su cascarón estable, donde tenía sexo por complacer a un tercero, donde le enseñaron que no era bueno que ella solita sintiera placer y que la posición donde ella se meneaba encima era contraproducente para el orgasmo masculino, quedaba un poco en un desierto sexual, algo así como a la deriva.
Queriendo dárselas de listilla come mundos, va y cae con ese misógino que le dice en un primer y único encuentro frío, lejos de la confianza conocida otrora, que no sabía moverse, que no servía para el hecho sexual.
Joder, cuando me contó eso llorando en el diván al recordar las palabras del gilipollas que le tocó, pensé por qué diablos a mujeres como ella le tocan esos cabrones y no a mujeres ya curtidas como a mi, lo sabía, esos hombres son aceptados solo en las camas inexpertas o en las pagas de a 5 euros la hora. Obvio, esto no podía decirlo como la supuesta psicóloga que era, solamente, la escuchaba.
Siguiente error, cae con otro de los amigos de ese grupete cuestionado, a hacerse más daño aún con un putero inmaduro que tampoco sabía dirigirse mucho en cuestiones sexuales. Atropellada en su sexualidad, se dió a la tarea de reivindicarse con el mundo masculino, no por ella disfrutar, sino por recuperar su quebrada autoestima.
Resumen de Errores: Buscar desesperadamente un equilibrio perdido por decisión propia. No se puede pretender ir del Blanco al Negro inmediatamente, pasó de dedicar tiempo a una relación sin futuro, a dedicar tiempo a hombres que no iban con su forma de vivir ni su personalidad.
Mi consejo: Tiempo para Susana, que se dedicara a conocerse, sin buscar complacer a los demás, la autoestima es "asunto interno" no un cuestionario afirmativo que pasas como encuesta a quienes te rodean.
Cuando C. regresó y retomó las consultas con Susana, la encontró distinta, más feliz, con más confianza por ella misma.
Hoy en día Susana es dueña de su empresa de Organización de eventos, la desheredaron, de hecho escasamente se reúne con su familia, no tiene pareja por los momentos, pero cuando se enrolla con algún tío, no es producto de una noche de copas, tiene el sexo entre su lista de prioridades, pero no ocupa el primer lugar. La ví hace un mes, y realmente se ha convertido en una mujer encantadora, segura de sí misma, y aunque no creo que se haga rica con su proyecto empresarial, doy fe de lo buena que es en lo que hace.

Con respecto a Rafael, joder, sí que era celoso, de hecho su mujer lo descolocó emocionalmente, no era propiamente culpa de ella, el reconoció que sí en especie de Top Secret se sentía inseguro cuando ella miraba otros hombres, cuando llegaba tarde, cuando le daba importancia a mil tareas antes que a él. Desarrolló la desconfianza, a tal punto que se creó una identidad femenina, para conocer a todos y cada uno de los hombres que ella mencionaba, tenía e-mail y chat como mujer y lo que empezó como algo enfermizo y obsesivo, se convirtió en un gusto por conocer la vida de los demás, independientente que realmente tuvieran que ver o no con su mujer.
Decir qué error cometía específicamente Rafael no era sencillo, porque si bien era algo esquizoide, me divertía en el fondo ver hasta donde podía llegar un hombre por una mujer, de hecho reconocía que muchos de los tíos contactados buscaban a su identidad creada solo para follar, otros eran estables con pareja. Lo que sí concluimos es que esa atracción se había convertido en dañina, y que realmente debía cuestionarse si continuar o no una relación donde el ganar-ganar no estaba muy asegurado a largo plazo.
Cuando C. regresó le comenté su aficción por conocer en medios internaúticos a hombres haciéndose pasar por mujer, con la excusa de que era por saber de su mujer y descubrir si le mentía o no. Mi psicólogo sabía algo de esa aficción pero más allá de recomendarle que se dedicara a otras cosas más productivas y menos dañinas para su salud mental, no podía hacer mucho más.
No supe mucho más de Rafael porque abandonó la consulta de C., unos meses después de yo tratarlo, pero, mira que este mundo es pequeño, conocí a la que fue su mujer en un spa al que asistía hace un tiempo. En efecto, era guapa y muy simpática, adicta a ver hombres. Soltera y nunca hizo mención de Rafael, por lo cual supe cuál Crónica de una muerte anunciada que esa relación no funcionaría por mucho tiempo más.

¿Qué premio obtuvo esta Meretriz por hacer de psicóloga durante un mes? Un hermoso souvenir que dice Recuerdo de Punta Cana, más una pamela divina para los días de sol.
¿Qué aprendizaje? Se puede conocer mucho de la intimidad inimaginada de los demás, cada ser humano es distinto aunque tenemos muchos puntos focales. Igual para las relaciones humanas, pueden cuestionarse, etiquetarse, pero son distintas de acuerdo a la época y sus personajes.
¿Qué conclusión? Después de un mes, admiro aún más a los psicólogos, realmente no es un trabajo tan sencillo como parece. Me quedo como Meretriz.

Así que hay Meretriz para rato.

miércoles 1 de julio de 2009

Rafael, primera semana

De esos tiempos guardados en mi memoria y aunque no tan remotos, si lejanos, recuerdo también a Rafael; se supone que las consultas a los psicólogos son de secreto sumarial, como confesiones religiosas, pero, no soy mucho de religión teórico-práctica, tampoco soy realmente psicóloga y a ustedes tampoco les consta que los nombres de aquellos que circularon por el diván de C. eran esos, así que puedo hablar tranquilamente del otro paciente que marcó mi ejercicio como escucha de historias sexuales de a 60 minutos por semana.

Rafael era un hombre de estos discretos, tratar fluido y sonrisa agradable, según la ficha de C., 35 años y con pareja, una chica dos años menor, vivían juntos, tres años de relación; problema: los celos, cercano a celopatía inicial.

La verdad cuando lo ví, no aparentaba para nada ser celoso, parecía la persona más despreocupada y tranquila del mundo, pero como dicen, cada quien con su calvario por dentro y si uno se fija en el perfil patológico de los peores asesinos, primero van con actitudes de Caperucita para después sacar a su lobo interior. Por ello, para las sesiones con Rafael procuraba un vestir afeminado y muy discreto, para evitar cualquier conclusión acertada de su parte sobre mi verdadera condición de provocadora de hombres.

- Oh una mujer, C. me comentó que se iría de vacaciones, lo que no mencionó es que dejaría a una mujer.

Otro renegado de las psicólogas con sexo femenino, pero bueno, si recuerdo que en la facultad de psicología de la universidad donde estudié el 70% de los estudiantes eran mujeres, luego en la práctica profesional los pacientes se andan con desconfianzas. ¿Será por la mala fama de neuróticas hormonales que nos gastamos?

Puse mi mejor sonrisa de ternura comprensiva para no espantarlo aunque internamente andaba medio cabreada.

- Si bueno, C. pensó que una mujer le ordenaría un poco su consultorio y además daría un aire fresco, una visión distinta a los pacientes. ¿Café, té?

- Un poco de té no me caería mal.

Al menos Rafael si me aceptaba algo de tomar, es que a muchos hombres les encantan las mujeres serviles y me parecía que éste no era la excepción.
Una vez servido un reparador té de menta con algo de azúcar avainillada, comenzamos la conversación de turno.

- ¿Qué te ha traido de consulta por aquí?
- Es por Vanessa que va provocándome, despierta mis instintos y sentimientos más bajos.
-¿Quién es ella?
-Mi pareja, vivimos juntos desde hace tres años, al poco tiempo de conocernos comenzamos a convivir.
-Bien, ¿Podrías darme tres características físicas y de carácter de ella?
-Sí, alta, buen cuerpo, cabello largo y muy liso. Simpática, terca y muy rencorosa.
- Es lo que más se destaca de ella o al menos lo que más te llama a ti.
-¿Qué fue lo que te llamó la atención cuando la conociste?
-Era rebelde, inmadura, cuando salíamos tomábamos mucho y la pasábamos genial como amigos, sin embargo, aunque me atraía, era el último de la fila, pasaba de mi. Una de las tantas noches que salimos, estaba dispuesto a decirle lo que sentía o al menos tantear un poco el terreno, cuando no fue mi sorpresa que en medio del baile, me besó. Quedé impactado por lanzarse, sin embargo me quedaba la duda si no seria el alcohol u otra cosa lo que la atrajo hacia mi.

Que divertido, esto parecía el típico culebrón de las revistas que uno lee en la peluquería, ser psicólogo era la mejor profesión, ganaba pasta por ser la editora de Vanidades en vivo y directo. Yo de dispersa me rei en su cara, mientras él con los ojos cerrados, sin zapatos y acostado en el diván me contaba su historia de amor y dolor.
Me reprendí por mi falta de seriedad y volví a mi test pasional.
Ese martes no pude sacar mucha más información, aparentemente el problema de Rafael era típico en muchos hombres, otro más, no entendía por qué gastar una pasta con C., cuando los foros y las salas de chat están llenos de "psicólogos cotillas gratuitos.

Esperar, antes de concluir, igual hasta ahora les he hablado de mis impresiones iniciales.
Antes de irme, limpié un poco el consultorio y le lancé una llamada cariñosa a C. para hablarle de mis primeras anécdotas.

jueves 25 de junio de 2009

Susana, primera semana

Que sí; que además del sexo, hay una primera vez para todo y ni que decir mi estreno como psicóloga, creo que no he acotado que C. se especializaba en asuntos sexuales, por lo que mis oidos estaban ansiosos por escuchar los desahogos en un tema tan trillado y conocido por mi.


Lunes, primeras horas de la tarde, elegí un pantalón suelto, una camiseta acompañada por una chaqueta a tono y unas bailarinas que daban a mis pies un aspecto infantil. Retomé mis gafas de pasta verde con naranja a la par de cerciorarme de tener la agenda en blanco y mi boli preferido.

Un plus para los pacientes de C., llevé al consultorio una cafetera y la tetera celosamente guardada en mi despensa, digan que no es Valor Agregado, una buena taza de café o cualquier otra infusión que acompañara nuestra conversación por una hora; es que lo mío es producir satisfacción en cualquier circunstancia, adicionalmente una buena manicura hacian de mis manos un puente suave para conectar con los pacientes.

Estaba inquieta, emocionada por la novedad, parecía un niño con juguete nuevo.

Sonó el timbre, según la agenda de C. conocería a Susana, chica inquieta, 23 años, algo conflictiva, fumadora y con uno que otro problema de autoestima.

Abrí la puerta con mi sonrisa más dulce pero su seriedad me hizo entender que no esperaba a una mujer de reemplazo.

- Hola, soy Meretriz, claro le dí el nombre de mi carnet de identidad, que la paciente era ella y no yo para estar dando explicaciones.

Su mirada seca y los labios apretados denotaban presión y poco agrado de su parte.

- Café, té?

Doble negativa, más la inminente pregunta por C.; al decirle que estaba de vacaciones y que yo era quien la atendería, objetó arqueando las cejas, pero enseguida se recostó en el diván, y es que el mismo era a prueba del enojo o conflicto más grande.

- Bien, tú dirás, quieres hacerme un recuento de tus problemas, de tu día a día...

- A ver, te lo resumo un poco hasta llegar a la actualidad, tengo 23 años, me llamo Susana y tengo problemas de autoestima, seguro eso es lo que te ha dejado C. en mi ficha de paciente, yo te agregaré que perdí la virginidad a los 15 años con un vecino del apartamento de mis padres, ahora no vivo con ellos, decidí independizarme un poco.

Yo asentía suavemente, a la par que notaba sus uñas comidas, el nerviosismo de su voz, la palidez de su piel así como lo delgada que estaba; se veía saludable, pero un manojo de nervios a punto de ebullición, anoté en la agenda, demasiado nerviosa para mi gusto, pero, antes de precipitarme taché la notita, agregando al lado comportamiento un poco hostil, dificultad para aceptar los cambios de situación, necesita una manicura urgente, todo esto mientras seguía observándola.

- Puedo fumar?

- No, aunque C. no esté y yo te lo permita, mejor seguir sus instrucciones, cero humo en estos 60 metros cuadrados.

-Bueno. Oye eres guapa y joven, no tenía una imagen como la tuya en mente al pensar en un psicólogo.

- Las apariencias engañan. Si ella supiera a lo que me dedicaba realmente, demanda para C. e insultos para mi, por lo cual no hice mucho caso al comentario, alentándola para que continuara.

- Si así es, me gradué hace un año como abogada, ante la falta de aplomo, estudié esa carrera porque mis padres son abogados y alguien debe manejar el bufete familiar en el futuro.

Siguiente anotación: Pija bien educada, frustrada por la carrera que estudió, falta de voluntad.


Como si leyera mis pensamientos o tuviera una vista de rayos X, acotó enseguida que se estaba especializando en derecho mercantil y que en el futuro tenía planeado hacer un master en finanzas para vender sus acciones del bufete familiar y crear una empresa de organización de eventos. Me sorprendió el aplomo con el cual mencionaba su determinación a desligarse del lecho paternal, por lo cual debí tachar la falta de voluntad anterior.

- Veo que tienes ideas claras, ahora, ¿Qué es lo que realmente te trae a terapia con C.?

- Verás mi problema no es la vida profesional, esa parte la tengo controlada o por lo menos bien planeada.

Cuando aún estudiaba en la facultad, conocí al que fue mi novio durante tres años. Si bien la relación era estable, cuando comenzamos a planear la boda, pensé seriamente si debía casarme o no y más, si debía dedicar mi vida a un hombre tan aburrido y distinto a mi, estaba cansada de seguir siempre las reglas, primero impuestas por mis padres y luego impuestas sutilmente por él, demasiado maduro, snob, familiar. El me hacia sentir segura eso sí, tranquila, además que me alababa en la cama, pero dos problemas, acababa demasiado rápido, y lo haciamos incluso sin yo tener ganas.

- Es decir, lo hacían sin tu consetimiento.

- El me hacia sentir que era con el consentimiento de ambos, en las relaciones de pareja debe ser así, ambos se supone que quieren y sino uno cede ante el otro, no siempre ambos tienen ganas ¿O no? así fueron mis padres, creo que el matrimonio es así, cumplir con los deberes de esposa.


- Ya, continua.

- Bueno, cuando me empecé a cuestionar el por qué sexo sin ganas, el por qué hacerlo sin yo querer, el pensar que así sería mi vida con él en el futuro, me llevó a determinar un rompimiento. Terminamos, no fue tan traumático.



Cuando Susana se disponía a seguir nos interrumpió el reloj, increible que sesenta minutos transcurrieran tan pronto, la historia prometia, quien me había parecido una chica aburrida, comenzaba a ponerse interesante.

Una última anotación de mi "primera paciente": no es tan vulnerable como creí al principio. Se parece a Ally Mc Beal, la abogada de la serie y hasta con conflictos similares.



- Bueno Susana, las próximas tres semanas, si me lo permites, yo seré quien te atienda. Quizás mi punto de vista pueda diferir un poco de C. pero creo que puedo ayudarte.

- Perfecto, disculpa mis malas caras del principio, soy algo renuente a que me escuchen las mujeres.



Hasta el lunes próximo. Emocionada, sentía que había salido victoriosa de mi primera vez, cordial, relajada, toda una profesional, mi sentido de adaptación se había puesto a prueba y por los momentos, estaba saliendo todo bien. Mi próximo paciente, lo conocería el martes, ya que debo acotar que C. me dejó de tarea a sus pacientes mas necesitados de consulta.

¿Por qué Susana estaría en esa lista? Además de mis conclusiones iniciales, la veía con los problemas típicos por los que ha pasado cualquier chica de clase media alta de su edad.

miércoles 24 de junio de 2009

Enviando a C. de vacaciones


Pasé un mes después de mis "oscuras" confesiones sin asistir al diván de C., no porque yo no fuera, sino porque el psicólogo no quería atenderme, desviaba mis llamadas, no se aparecía por el café ni tampoco atendía al llamado del timbre de su consultorio; como no tenía secretaria alegando que el se bastaba y sobraba para organizar a sus pacientes, tenía la virtud de desaparecerse cuando quería y más con esta Meretriz que a ciencia cierta no era propiamente una paciente de a 50 euros la hora.


Yo ya había tomado la decisión de renunciar a la firma. Hablar con C. de lo que había hecho con mi hermana me había aclarado algo, nunca llegaría a socia, la mujer de ese socio era un hueso duro de roer, y para ese entonces, no me interesaba inventar mucho más con el hombre en cuestión, no fuera a ser que terminara follando con su perro, hijos o vecinos y, una cosa es que me guste mi trabajo y otra que quiera probar posibles desviaciones sexuales de otros sin obtener nada a cambio. Con la liquidación tendría lo suficiente para iniciar mi propio negocio, además que ya estaba próxima a los treinta años y la vida útil de una Meretriz es inversamente proporcional a los años que van sumándose a su calendario.


Ya cansada de las evasivas de C. me dí a la tarea de toparme con él por casualidad, aunque ambos concluyeramos que las casualidades no existen. Le pedí al dueño del café que pautara una cita con el psicólogo adicto a sus capuchinos a cambio de consejos sexuales para su mujer y éste accedió gustoso.

Ustedes dirán pero qué consejos da una Meretriz especializada en empresariales a una maruja de 8 a 5, y yo les diré que muchos, desde como preparar un buen estofado aplicable a hombres que antes de follar se calientan con un buen caldito de cordero hasta como menearla de tal manera que más que ama de casa la esposa en cuestión se gane el adjetivo de "cangrejera"; este último modismo lo aprendí en un viaje al Caribe y ya lo explicaré un poco más adelante, que para todo hay tiempo.

En fin, que gracias a la ayuda del cafetero, pauté una cita con C.

Cuando me abrió la puerta, sonrió estruendósamente, diciendo que me había puesto a prueba, y que me esperaba desde hacia una semana, amén de que estaba loca por él y otra sarta de tonterías como que era irresistible y que si se había desaparecido esos días era por un catarro que lo había conducido directo a la cama.

La verdad no quise saber por qué había evadido los encuentros y mucho menos si era cierto eso de ponerme a prueba, yo ya me preguntaba si no me estaría dejando manipular a la vez que me contestaba mentalmente que un poco de manipulación al manipulador no venía mal dependiendo de a quien se lo permitía y ya a esas alturas C. un poco amante, un poco padre, un poco de todo lo que presencia masculina sin sexo representaba, se había ganado esa licencia de evasiones y hasta de hacerse un poco de rogar.

Lo noté eso si un poco más delgado y ojeroso, se le veía cansado, por lo cual resolví, tras decirle que había renunciado a la firma, que se debía tomar unas vacaciones, total yo estaba libre por un tiempo hasta que concretara mi negocio.

El me ofreció algo poco ético, pero la ética hoy en día es a veces mucho de palabra que consigues en wikipedia y para los más aplicados en el drae, pero escasamente aplicada, así que acepté; la única condición es que grabara las conversaciones, asintiera sin aconsejar y tomara nota de los hechos más importantes, ante cualquier emergencia, llamarlo o contactarlo por e-mail.

Conclusión: C. se iría al Caribe a por unas merecidas vacaciones durante un mes.

¿Y esta Meretriz? Esta Meretriz sería por el mismo espacio de tiempo una psicóloga suplente, para atender los casos de emergencia.

Tarea: Leer algo de Freud, el estructuralismo, el funcionalismo, el conductismo y la Gestalt.

A partir de la semana siguiente y por un mes, sería una especie de cura en el confesionario.

martes 26 de mayo de 2009

Explicaciones a... quien pudiera interesar




Llegó ese viernes donde jugué al escondite y quedando en unas merecidas tablas, por primera vez C. no tuvo palabras para cerrar nuestra sesión; desconocía que mi cuento -verdadero- lo pondría tan sensible, quizás el estado preandropaúsico tuvo que ver a sus iniciados cuarenta, había escuchado algunas cosas, bastantes mejor dicho, en su diván vinotinto con motivos florales de esa tela de pana suave que tanto me relajaba, era de las mejores texturas que mis dedos curiosos habían palpado, digno de ser intercambiado por un nuevo diván para él; que les puedo decir, una Meretriz tiene sus caprichos hasta en el momento de la decoración.

Abrí la puerta a la hora de siempre y al tiempo que rozaba mi lengua en sus labios finos, le daba una palmadita en su espalda y lo invitaba a sentarse en la silla que cómodamente le ofrecía la mejor de las vistas a mis piernas que recostaba en el templo de las confesiones.

- Te he traido tres regalos, ¿Cuál quieres primero?
- Joder Meretriz no es mi cumpleaños.
- Da igual, no tiene que serlo para darte unos detalles.
-Bueno a ver, que solo tenemos una hora.
-Pero bueno, ni yo con mis clientes. A ver, el primero, te he traido unos pasteles, chocolate con nata, tartaleta de frutas y canastilla de mantecado con caramelo, todos para ti, que yo ando a régimen.
- A régimen con el cuarpazo que tienes.
- Anda, que me piropeas.
-Que quieres no soy ciego y lo sabes, te gastas un culo que provoca.

Silencio, obligatorio. Fue necesaria una pausa porque nos comía el deseo, aunque ninguno de los dos lo aceptaba.

-Bueno a ver, que te traigo dulces y se te suben a la cabeza.
-Se me bajan a la cabeza.

Mi sonrisa pícara y el guiño que le lancé, dió paso al siguiente regalo, me recliné un poco dejando entrever mi seno claro.

- Anda, que quieres mostrarme las tetas.
- No, quiero mostrarte el sujetador, me lo compré pensando en tu diván que me tiene enamorada.

Y en efecto, mientras me desabrochaba la blusa ceñida primorosamente a mi cuerpo, más se asomaba el sujetador de trasparencias vinotinto y encajes.

- El capricho hecho sostén me ha costado la mamada a un colega, pero ver el deleite de tus ojos es más que suficiente.

Adoraba provocar a C. y más porque escasamente en nuestra relación hubo sexo, de hecho los intercambios genitales entorpecían las sesiones y las veces que follamos fue por mis ganas de dulzura y es textual porque su semen es el más delicioso que han degustado mis papilas y por sus ganas de desahogo producto de esa soltería libremente aceptada.

-Y el tercer regalo es?
-Ah, que andamos con prisas hoy, pues el juego prometido, el escondite. Hoy me provoca que me encuentres, así que mis desahogos no representarán que haya perdido.
-Vale, habíamos quedado en tu hermana y el socio de la firma más el condimento de su mujer.
-Admiro tu libreta.
-Mi memoria querrás decir, contigo hago el ejercicio de beberme tus palabras y repetirlas mentalmente cada vez que evoco el vaivén de tus tetas al follar con alguien.

-Pues eso marujita, cuando yo estudiaba en la universidad, mi hermana se había echado un novio, parecía serio porque sus suspiros y ese cocinar desembocado la delataban, a ella siempre le ha dado por cocinar cuando de afectos se trata; el afortunado en cuestión tenía miles de detalles con ella, la trataba como una reina, su único defecto era el matrimonio que llevaba a cuestas. Mi hermana trató de dejarlo pero imposible, así como yo soy adicta a follar por algo a cambio, ella lo es a las relaciones tormentosas, le advertí que estar con el no le traería nada bueno. Lo que imaginas, quise entrar en la firma para liarme con él y demostrarle a S. que el casado en cuestión era una opción desechable para su largo plazo.


Al poco tiempo de estar trabajando allí, conseguí ir a un cliente que el lideraba, afortunadamente pertenecía a mi línea de auditoría, yo aún era asistente por los que mis contactos con él eran escasos, apenas en ese sexto piso de reuniones semanales donde discutíamos el avance en las pruebas efectuadas, así como la cantidad de horas extras no realizadas que cobraríamos al cliente para así puntear en los presupuestos y llevarse una mejor tajada en los dividendos cobrados a fin de año.


Debo reconocer que el hombre en cuestión era físicamente encantador, alto, moreno, de unos cincuenta años con esas canas exquisitas en las sienes que tanto disfruto lamer en los cincuentones de turno, su mirada, de un avellana profundo enaltecida por unas cejas generosas denotaban carácter y sobretodo virilidad. En una de las reuniones le hice saber mis ganas de ganarme una buena evaluación, rozando mis pies en su entrepierna mientras mi jefe directo corregía una prueba de activos que había realizado, yo miraba concentrada la pantalla del portátil, arreglando los detalles señalados a la par que mis extremidades llegaban al final de su entrepierna, además de una cara atractiva, sentir el tamaño de su pene me hizo darme a la idea de como seria follármelo, y es que aunque quisiera darle una lección a mi hermana, no veía nada de malo en ganarme una E de Excelente a punta de nalgadas propinadas por esos dedos anchos terminados en sus uñas de manicura metrosexual. Fantaseaba con mi cara seria, cuando recibí un mensaje por nuestra intranet: Niña estate quieta, que el chico que tienes al lado se dará cuenta de lo que haces. Imposible si no denotas emoción, fue mi respuesta. Que quieres?. Que follemos, me gusta la polla que te cargas y quiero que me la metas por el culo aquí mismo. Qué te gusta hacer?. Todo lo que te produzca placer a ti. Eres una guarra, podría mandarte a despedir por tus insinuaciones. Yo podría denunciarte por acoso a una casi adolescente. Sería tu palabra contra la mía. Sería tu sexo contra mi sexo, anda follemos. ¿A ti te van los juegos sexuales?.

Se detuvo la conversación por el chat interno, era mi oportunidad de demostrarle a mi hermana que este tío era un cerdo sexual.

A mi sí y a ti?, te aseguro que no sabes en que te metes. Niña, tratas con mayores, no se te olvide, por algo soy socio y tu asistente.

Levanté la mirada sobre la pantalla del portátil, lo observé con seriedad arqueando una de mis cejas y sonreí como gata recién comida.

Acepto cualquier propuesta que desees hacerme, no se te olvide, algún día quiero ser socia como tú. A las diez esta noche, en el hotel X, allí te darán el número de habitación, la única condición es que al entrar estés con los ojos vendados, sentirás con todo a excepción de la vista.

Un vuelco en mi estómago, me recorrió la ansiedad; hasta ese momento siempre la que había preparado las sorpresas y los juegos eróticos en la universidad y el tiempo que llevaba en la firma había sido yo, comenzaba a entender por qué mi hermana estaba enamorada.


Esa noche me dí un baño largo de espuma, coloqué algo de electrónica y unas velas aromáticas, me depilé cuidadosamente y aunque no tuve tiempo de masturbarme, si me rocé un poco, no quería quedarme sin energías para esa noche, estaba emocionada. Mi lencería de un rojo cereza, iba a la par de mi vulva rosa inflamada por los toqueteos en la bañera; medias hasta los muslos, vestido a media pierna negro, collar de perlas, un abrigo discreto, estiletos negros con rojo; mi combinación de profesional discreta, un poco de rubor y rímel para una mirada risueña a prueba de agua, no sabía si la sorpresa seria acuática, una meretriz debe estar preparada para las contiendas en cualquier lugar. Algo de perfume en las pulsaciones más importantes, lista para salir.

Llegué puntual, soy estricta en satisfacer a los clientes y nunca dejarlos esperar más de la cuenta, habitación 609, sexto piso. El hotel ya lo conocía, me había invitado un colega del socio en cuestión. Tomé mi pañoleta de seda preferida y procedí a quedarme en tinieblas, toqué ligeramente la puerta y solo fue necesario un ligero empujón pues estaba entreabierta.

Unos cuantos pasos, acompañados de un "bienvenida".

¿Te importa si también te amordazo? No estaba en lo que esperaba pero accedí. ¿Te gusta hacerlo con mujeres? Respondí afirmativamente, estaba preparada para lo que fuera, tendría suficientes argumentos para que mi hermana abandonara al jefe de turno. La chica que traje también cumplirá mi deseo y está en las mismas condiciones que tú, solo que ya está desnuda en el jacuzzi.

Las condiciones del juego para ambas es que no pueden verse ni hablarse, de resto quiero que se sientan, se acaricien, para mi. Pensaba que sería una experiencia agradable, no tendría que follar con el socio al menos hasta ese momento.

Ayudó a desnudarme con sus dedos expertos, y al quitarme las bragas, fue tal su tacto, que me excité ahí mismo, tenía razón por algo era socio, pero por algo yo también era meretriz, no tenía mi título en balde. Me acercó al jacuzzi, colaborando en mi entrada al mismo. Un pie, el otro, el agua tibia, unas piernas suaves, temblaban ligeramente, comencé a masajearlas para relajarlas, la espuma creada ayudaba en mi labor, llegué a su coño estrecho, afeitado pero no por completo, caliente, mojado, seguí subiendo, escalé hasta sus tetas, firmes, llenas, entraban perfectamente en el cuenco de mis manos, que suaves, pensaba en ese momento, y pensé que si quería el espectáculo completo, no hablaría pero le daría placer con mi boca, ansiaba saborear sus pezones, lamer sus piernas, atravesar su vagina con mi lengua, chuparle el culo, penetrarla con mis dedos, ese cuerpo me excitaba, sentía realmente placer, me perdía en ese rincón primoroso y más, porque ella también respondía a mis caricias, nos entregamos, restregamos, la lamía despacio mientras sentía su cabello suave, el agua nos envolvía, nuestros dedos entraban y salían frenéticamente, mientras mi lengua no dejaba su cuello en paz.

Al terminar nuestra faena, el se acercó a ella y susurrándole algo, la sacó del jacuzzi, yo escuchaba como iban a la cama, mientras sentía las turbinas masajeándome.

Sacó su cara del sexo de la chica en cuestión y elegantemente me hizo saber que tres eran multitud. Bueno jovencita, terminó tu labor aquí, felicidades, acabas de lograr un merecido ascenso, ahora mi pareja y yo, quedaremos en privado, estamos de aniversario y ella quiso regalarme este espectáculo que ahora será para dos.

¿Aniversario? pero esta no era su mujer, era una chica joven, por su piel, su cuerpo, ¿Y si no era su mujer, entonces quién?

Respuesta rápida, pero quise corroborarla quitándome la venda.

En efecto, por eso la cercanía, el cabrón sin saberlo había logrado la unión entre hermanas. Hacerlo lejos de traumarme, me pareció único, irrepetible eso sí, y si lo hice fue por desconocimiento, no me censuro, pero por supuesto que S. jamás se enteró ni yo fui capaz de ver a la cara a ese socio.

Bueno C. entonces, qué te ha parecido jugar al escondite conmigo?
En lugar de responder, se levantó, dejando la puerta abierta. Al incorporarme de su exquisito diván, no había nadie, era dueña por unos instantes de su rincón de confesiones, fue dueño por un instante de mis confesiones más oscuras.