Llegó ese viernes donde jugué al escondite y quedando en unas merecidas tablas, por primera vez C. no tuvo palabras para cerrar nuestra sesión; desconocía que mi cuento -verdadero- lo pondría tan sensible, quizás el estado preandropaúsico tuvo que ver a sus iniciados cuarenta, había escuchado algunas cosas, bastantes mejor dicho, en su diván vinotinto con motivos florales de esa tela de pana suave que tanto me relajaba, era de las mejores texturas que mis dedos curiosos habían palpado, digno de ser intercambiado por un nuevo diván para él; que les puedo decir, una Meretriz tiene sus caprichos hasta en el momento de la decoración.
Abrí la puerta a la hora de siempre y al tiempo que rozaba mi lengua en sus labios finos, le daba una palmadita en su espalda y lo invitaba a sentarse en la silla que cómodamente le ofrecía la mejor de las vistas a mis piernas que recostaba en el templo de las confesiones.
- Te he traido tres regalos, ¿Cuál quieres primero?
- Joder Meretriz no es mi cumpleaños.
- Da igual, no tiene que serlo para darte unos detalles.
-Bueno a ver, que solo tenemos una hora.
-Pero bueno, ni yo con mis clientes. A ver, el primero, te he traido unos pasteles, chocolate con nata, tartaleta de frutas y canastilla de mantecado con caramelo, todos para ti, que yo ando a régimen.
- A régimen con el cuarpazo que tienes.
- Anda, que me piropeas.
-Que quieres no soy ciego y lo sabes, te gastas un culo que provoca.
Silencio, obligatorio. Fue necesaria una pausa porque nos comía el deseo, aunque ninguno de los dos lo aceptaba.
-Bueno a ver, que te traigo dulces y se te suben a la cabeza.
-Se me bajan a la cabeza.
Mi sonrisa pícara y el guiño que le lancé, dió paso al siguiente regalo, me recliné un poco dejando entrever mi seno claro.
- Anda, que quieres mostrarme las tetas.
- No, quiero mostrarte el sujetador, me lo compré pensando en tu diván que me tiene enamorada.
Y en efecto, mientras me desabrochaba la blusa ceñida primorosamente a mi cuerpo, más se asomaba el sujetador de trasparencias vinotinto y encajes.
- El capricho hecho sostén me ha costado la mamada a un colega, pero ver el deleite de tus ojos es más que suficiente.
Adoraba provocar a C. y más porque escasamente en nuestra relación hubo sexo, de hecho los intercambios genitales entorpecían las sesiones y las veces que follamos fue por mis ganas de dulzura y es textual porque su semen es el más delicioso que han degustado mis papilas y por sus ganas de desahogo producto de esa soltería libremente aceptada.
-Y el tercer regalo es?
-Ah, que andamos con prisas hoy, pues el juego prometido, el escondite. Hoy me provoca que me encuentres, así que mis desahogos no representarán que haya perdido.
-Vale, habíamos quedado en tu hermana y el socio de la firma más el condimento de su mujer.
-Admiro tu libreta.
-Mi memoria querrás decir, contigo hago el ejercicio de beberme tus palabras y repetirlas mentalmente cada vez que evoco el vaivén de tus tetas al follar con alguien.
-Pues eso marujita, cuando yo estudiaba en la universidad, mi hermana se había echado un novio, parecía serio porque sus suspiros y ese cocinar desembocado la delataban, a ella siempre le ha dado por cocinar cuando de afectos se trata; el afortunado en cuestión tenía miles de detalles con ella, la trataba como una reina, su único defecto era el matrimonio que llevaba a cuestas. Mi hermana trató de dejarlo pero imposible, así como yo soy adicta a follar por algo a cambio, ella lo es a las relaciones tormentosas, le advertí que estar con el no le traería nada bueno. Lo que imaginas, quise entrar en la firma para liarme con él y demostrarle a S. que el casado en cuestión era una opción desechable para su largo plazo.
Al poco tiempo de estar trabajando allí, conseguí ir a un cliente que el lideraba, afortunadamente pertenecía a mi línea de auditoría, yo aún era asistente por los que mis contactos con él eran escasos, apenas en ese sexto piso de reuniones semanales donde discutíamos el avance en las pruebas efectuadas, así como la cantidad de horas extras no realizadas que cobraríamos al cliente para así puntear en los presupuestos y llevarse una mejor tajada en los dividendos cobrados a fin de año.
Debo reconocer que el hombre en cuestión era físicamente encantador, alto, moreno, de unos cincuenta años con esas canas exquisitas en las sienes que tanto disfruto lamer en los cincuentones de turno, su mirada, de un avellana profundo enaltecida por unas cejas generosas denotaban carácter y sobretodo virilidad. En una de las reuniones le hice saber mis ganas de ganarme una buena evaluación, rozando mis pies en su entrepierna mientras mi jefe directo corregía una prueba de activos que había realizado, yo miraba concentrada la pantalla del portátil, arreglando los detalles señalados a la par que mis extremidades llegaban al final de su entrepierna, además de una cara atractiva, sentir el tamaño de su pene me hizo darme a la idea de como seria follármelo, y es que aunque quisiera darle una lección a mi hermana, no veía nada de malo en ganarme una E de Excelente a punta de nalgadas propinadas por esos dedos anchos terminados en sus uñas de manicura metrosexual. Fantaseaba con mi cara seria, cuando recibí un mensaje por nuestra intranet: Niña estate quieta, que el chico que tienes al lado se dará cuenta de lo que haces. Imposible si no denotas emoción, fue mi respuesta. Que quieres?. Que follemos, me gusta la polla que te cargas y quiero que me la metas por el culo aquí mismo. Qué te gusta hacer?. Todo lo que te produzca placer a ti. Eres una guarra, podría mandarte a despedir por tus insinuaciones. Yo podría denunciarte por acoso a una casi adolescente. Sería tu palabra contra la mía. Sería tu sexo contra mi sexo, anda follemos. ¿A ti te van los juegos sexuales?.
Se detuvo la conversación por el chat interno, era mi oportunidad de demostrarle a mi hermana que este tío era un cerdo sexual.
A mi sí y a ti?, te aseguro que no sabes en que te metes. Niña, tratas con mayores, no se te olvide, por algo soy socio y tu asistente.
Levanté la mirada sobre la pantalla del portátil, lo observé con seriedad arqueando una de mis cejas y sonreí como gata recién comida.
Acepto cualquier propuesta que desees hacerme, no se te olvide, algún día quiero ser socia como tú. A las diez esta noche, en el hotel X, allí te darán el número de habitación, la única condición es que al entrar estés con los ojos vendados, sentirás con todo a excepción de la vista.
Un vuelco en mi estómago, me recorrió la ansiedad; hasta ese momento siempre la que había preparado las sorpresas y los juegos eróticos en la universidad y el tiempo que llevaba en la firma había sido yo, comenzaba a entender por qué mi hermana estaba enamorada.
Esa noche me dí un baño largo de espuma, coloqué algo de electrónica y unas velas aromáticas, me depilé cuidadosamente y aunque no tuve tiempo de masturbarme, si me rocé un poco, no quería quedarme sin energías para esa noche, estaba emocionada. Mi lencería de un rojo cereza, iba a la par de mi vulva rosa inflamada por los toqueteos en la bañera; medias hasta los muslos, vestido a media pierna negro, collar de perlas, un abrigo discreto, estiletos negros con rojo; mi combinación de profesional discreta, un poco de rubor y rímel para una mirada risueña a prueba de agua, no sabía si la sorpresa seria acuática, una meretriz debe estar preparada para las contiendas en cualquier lugar. Algo de perfume en las pulsaciones más importantes, lista para salir.
Llegué puntual, soy estricta en satisfacer a los clientes y nunca dejarlos esperar más de la cuenta, habitación 609, sexto piso. El hotel ya lo conocía, me había invitado un colega del socio en cuestión. Tomé mi pañoleta de seda preferida y procedí a quedarme en tinieblas, toqué ligeramente la puerta y solo fue necesario un ligero empujón pues estaba entreabierta.
Unos cuantos pasos, acompañados de un "bienvenida".
¿Te importa si también te amordazo? No estaba en lo que esperaba pero accedí. ¿Te gusta hacerlo con mujeres? Respondí afirmativamente, estaba preparada para lo que fuera, tendría suficientes argumentos para que mi hermana abandonara al jefe de turno. La chica que traje también cumplirá mi deseo y está en las mismas condiciones que tú, solo que ya está desnuda en el jacuzzi.
Las condiciones del juego para ambas es que no pueden verse ni hablarse, de resto quiero que se sientan, se acaricien, para mi. Pensaba que sería una experiencia agradable, no tendría que follar con el socio al menos hasta ese momento.
Ayudó a desnudarme con sus dedos expertos, y al quitarme las bragas, fue tal su tacto, que me excité ahí mismo, tenía razón por algo era socio, pero por algo yo también era meretriz, no tenía mi título en balde. Me acercó al jacuzzi, colaborando en mi entrada al mismo. Un pie, el otro, el agua tibia, unas piernas suaves, temblaban ligeramente, comencé a masajearlas para relajarlas, la espuma creada ayudaba en mi labor, llegué a su coño estrecho, afeitado pero no por completo, caliente, mojado, seguí subiendo, escalé hasta sus tetas, firmes, llenas, entraban perfectamente en el cuenco de mis manos, que suaves, pensaba en ese momento, y pensé que si quería el espectáculo completo, no hablaría pero le daría placer con mi boca, ansiaba saborear sus pezones, lamer sus piernas, atravesar su vagina con mi lengua, chuparle el culo, penetrarla con mis dedos, ese cuerpo me excitaba, sentía realmente placer, me perdía en ese rincón primoroso y más, porque ella también respondía a mis caricias, nos entregamos, restregamos, la lamía despacio mientras sentía su cabello suave, el agua nos envolvía, nuestros dedos entraban y salían frenéticamente, mientras mi lengua no dejaba su cuello en paz.
Al terminar nuestra faena, el se acercó a ella y susurrándole algo, la sacó del jacuzzi, yo escuchaba como iban a la cama, mientras sentía las turbinas masajeándome.
Sacó su cara del sexo de la chica en cuestión y elegantemente me hizo saber que tres eran multitud. Bueno jovencita, terminó tu labor aquí, felicidades, acabas de lograr un merecido ascenso, ahora mi pareja y yo, quedaremos en privado, estamos de aniversario y ella quiso regalarme este espectáculo que ahora será para dos.
¿Aniversario? pero esta no era su mujer, era una chica joven, por su piel, su cuerpo, ¿Y si no era su mujer, entonces quién?
Respuesta rápida, pero quise corroborarla quitándome la venda.
En efecto, por eso la cercanía, el cabrón sin saberlo había logrado la unión entre hermanas. Hacerlo lejos de traumarme, me pareció único, irrepetible eso sí, y si lo hice fue por desconocimiento, no me censuro, pero por supuesto que S. jamás se enteró ni yo fui capaz de ver a la cara a ese socio.

Bueno C. entonces, qué te ha parecido jugar al escondite conmigo?
En lugar de responder, se levantó, dejando la puerta abierta. Al incorporarme de su exquisito diván, no había nadie, era dueña por unos instantes de su rincón de confesiones, fue dueño por un instante de mis confesiones más oscuras.